La burrata es un queso fresco italiano con una cáscara de pasta hilada y un interior cremoso llamado stracciatella, una mezcla de hilos de queso deshilachados a mano y nata. Nació en Puglia, en el sur de Italia, y hoy cuenta con reconocimiento europeo bajo la Burrata di Andria IGP. Se sirve fría, entera y se corta en el momento para que el relleno se derrame sobre el plato.
En resumen:
- La burrata se produce con pasta hilada, nata y leche de vaca o búfala, con formatos que van desde 100 gramos hasta un kilo, y versiones deslactosadas.
- La denominación Burrata di Andria IGP exige manipulación manual del relleno y límites claros en peso, humedad y lista de ingredientes sin aditivos.
- La textura y calidad de la burrata se distingen por su aroma a leche fresca, cáscara lisa, y un interior cremoso que fluye sin desintegrarse al cortarla.
- Para mantener su frescura, se debe guardar en su líquido en refrigeración y consumir en 24-48 horas, evitando congelarla para no alterar su estructura.
- La burrata se disfruta en platos fríos como ensaladas, con tomate y aceite, y nunca se recomienda cocinarla o hornearla para preservar su interior cremoso.
Tabla de contenidos
- Composición: ingredientes, estructura y tamaños habituales
- Origen y IGP: qué certifica la denominación Burrata di Andria
- Cómo se elabora la burrata paso a paso
- Diferencias prácticas entre burrata y mozzarella
- Cómo saber si una burrata es de calidad
- Cómo se come la burrata: recetas y maridajes
- Nutrición y salud: calorías, grasas y cómo consumirla con moderación
- Variantes regionales y comerciales de la burrata
- Cómo almacenar y conservar la burrata en casa
- Dónde comprar burrata y qué mirar en la etiqueta
- La burrata en la mesa del restaurante
- Fuentes
- Preguntas frecuentes
Composición: ingredientes, estructura y tamaños habituales
Una burrata tiene dos partes bien diferenciadas. Por fuera, una cáscara de pasta filata (la misma técnica de estirado que da forma a la mozzarella) sella una bolsa que contiene stracciatella: tiras de pasta hilada deshilachadas a mano y mezcladas con nata fresca. Al cortarla, ese interior se derrama con una textura fluida pero con cierta estructura, no como un líquido suelto.

La leche empleada suele ser de vaca, aunque algunas variantes artesanales usan leche de búfala. La especificación de la Burrata di Andria IGP fija un peso que va de 100 gramos a un kilo, y una humedad de entre el 50 % y el 70 %, según recoge la normativa europea de la Burrata di Andria IGP.
Los formatos comerciales más habituales son:
- Piezas individuales de 100 a 150 gramos, pensadas para una ración.
- Formatos medianos de 250 gramos, habituales en supermercados y tiendas gourmet.
- Piezas grandes de hasta un kilo, más frecuentes en quesería artesanal o venta al peso.
- Versiones deslactosadas, con contenido muy bajo de lactosa por cada 100 gramos.
Origen y IGP: qué certifica la denominación Burrata di Andria
La burrata nació en Andria, en la región de Puglia, dentro de una tradición quesera ligada al aprovechamiento de los restos de pasta hilada de la elaboración de mozzarella. En lugar de desechar esos hilos sobrantes, los queseros los mezclaron con nata y los envolvieron en una bolsa de pasta filata. Así surgió, según recoge la entrada enciclopédica sobre la burrata, un queso pensado originalmente para no perder producto.
La Indicación Geográfica Protegida Burrata di Andria no es un sello decorativo. La especificación técnica exige que el relleno se deshile a mano, fija un espesor mínimo para el envoltorio y establece los rangos de peso y humedad ya mencionados, según detalla la especificación oficial.
Para comprobar que una burrata cumple la IGP, conviene revisar en la etiqueta:
- El sello IGP visible junto al nombre “Burrata di Andria”.
- La zona de origen indicada (Andria, Puglia).
- La lista de ingredientes, que debe limitarse a leche, cuajo, sal y nata (sin aditivos de textura).
Cómo se elabora la burrata paso a paso
La técnica parte de la pasta filata, el mismo método que da elasticidad a la mozzarella: se calienta y se estira la cuajada hasta lograr una masa flexible y brillante.
- Se cuaja la leche y se deja acidificar hasta el punto adecuado.
- Se calienta la cuajada en agua caliente y se estira repetidamente hasta obtener una pasta lisa y elástica.
- Con parte de esa pasta se forma una bolsa fina, que hará de envoltorio exterior.
- El resto de la pasta se deshilacha a mano, se mezcla con nata y se convierte en stracciatella.
- Se rellena la bolsa con la stracciatella y se cierra retorciendo el extremo superior.
- La pieza se sumerge en salmuera fría para fijar la forma y frenar la fermentación.
El deshilachado manual del relleno no es un detalle estético: la especificación de la IGP lo exige porque determina la textura final, más “esponjosa” y menos compacta que si se procesara a máquina, según señala la propia normativa europea. Trabajar con la pasta aún caliente y manipularla rápido es lo que da esa consistencia elástica pero delicada.
Consejo profesional: Si compras burrata para consumir en casa, déjala fuera de la nevera unos 15 minutos antes de servirla. El frío excesivo endurece la cáscara y frena el sabor de la stracciatella.
Diferencias prácticas entre burrata y mozzarella
Aunque comparten técnica de elaboración, burrata y mozzarella cumplen papeles distintos en la cocina. La mozzarella es uniforme por dentro y por fuera, y su textura elástica aguanta bien el calor, por eso funciona en pizzas, gratinados o platos horneados. La burrata, en cambio, esconde ese interior cremoso de stracciatella que se pierde si se cocina, así que su lugar natural es el plato frío, según explican los especialistas culinarios de VinePair.
- La mozzarella funde bien y mantiene su estructura al hornear; la burrata se degrada con el calor prolongado.
- La burrata suele tener más grasa y más calorías por la nata de su relleno, algo que la nutricionista Boticaria García atribuye directamente a esa nata añadida en su análisis para ABC.
- En una receta que pide mozzarella para fundir, sustituirla por burrata no funciona: el resultado queda aguado porque la stracciatella se separa con el calor.
- Al revés sí es posible: usar mozzarella fresca en lugar de burrata en una ensalada funciona, pero se pierde la cremosidad característica.
La stracciatella, de hecho, no es un queso independiente que se venda suelto de forma habitual: es el relleno propio de la burrata, como recuerda un análisis sectorial de CONtexto Ganadero.
Cómo saber si una burrata es de calidad
Una buena burrata huele a leche fresca, con un toque láctico suave, casi nunca ácido ni amoniacal. Si el olor es intenso o desagradable, algo ha fallado en la conservación.
Al tacto, la cáscara exterior debe ser lisa, ligeramente elástica y sin grietas. Al cortarla, la stracciatella tiene que fluir de forma generosa pero sin desintegrarse en agua: una textura “esponjosa”, embebida en nata, que es justo el rasgo que distingue a una Burrata di Andria IGP bien hecha.

Señales de que una pieza ya no está en su mejor momento: cáscara reseca o agrietada, interior que se ha vuelto gomoso, olor ácido marcado o un color amarillento en lugar del blanco marfil habitual. La burrata es un producto de vida corta, pensado para consumirse fresco, no para guardar semanas.
Cómo se come la burrata: recetas y maridajes
La forma más clásica de comer burrata es también la más simple: entera, sobre un plato, con tomate maduro, un buen aceite de oliva virgen extra, sal en escamas y algo de albahaca fresca. El calor del tomate de temporada resalta la cremosidad sin necesidad de cocinar nada.
Cuatro formas rápidas de servirla:
- Burrata con tomate y aceite: corta tomates maduros, colócalos alrededor de la burrata entera, añade aceite, sal y pimienta justo antes de servir para que no se enfríe en la nevera.
- Sobre focaccia caliente: coloca la burrata sobre pan recién horneado todavía templado; el calor residual del pan ablanda ligeramente la cáscara sin degradar el interior.
- En ensalada de verano: combina burrata con melón, jamón curado o higos y un chorrito de vinagre balsámico reducido, siempre añadiéndola en el último momento.
- Sobre pasta o pizza recién salida del horno: nunca se hornea con el plato; se coloca encima cuando la pasta o la pizza ya están fuera del fuego, aprovechando el calor residual para que se funda ligeramente por los bordes sin perder el centro cremoso.
Esta última técnica no es un capricho de presentación: cocinar la burrata a altas temperaturas destruye la textura de la stracciatella, así que la recomendación profesional es siempre añadirla al final, sobre el plato ya caliente, según coinciden los expertos de VinePair. Es la misma lógica que aplicamos con los antipasti: la burrata funciona muy bien como entrante que abre el apetito antes de un plato principal de pasta.
Para maridar, un vino blanco con buena acidez, como un vermentino o un albariño, limpia el paladar de la grasa de la nata. Si prefieres tinto, uno ligero y poco tánico acompaña mejor que uno con mucho cuerpo. En una carta bien pensada, encontrarás sugerencias de maridaje de vino italiano que funcionan igual de bien con quesos frescos que con platos de pasta.

Consejo profesional: Sirve siempre la burrata a temperatura ambiente y córtala en el último minuto delante del comensal. El derrame de la stracciatella es parte del espectáculo, y se pierde si la pieza lleva mucho rato abierta.
Nutrición y salud: calorías, grasas y cómo consumirla con moderación
La burrata aporta más calorías y grasa que la mozzarella porque su relleno incluye nata añadida, un factor que la nutricionista Boticaria García señala como la causa principal de esa diferencia en su artículo para ABC. Se trata de un queso fresco pensado para consumirse en porciones moderadas, como protagonista de un plato, no como acompañamiento diario.
Una ración razonable suele ser moderada, pensada para un entrante o plato principal ligero, acompañada de vegetales o pan. Como cualquier queso graso, tiene sentido dentro de una dieta equilibrada, sin convertirla en costumbre varias veces por semana.
Las versiones deslactosadas, con menos de 0,1 gramos de lactosa por cada 100 gramos, según fija la especificación de la Burrata di Andria IGP, permiten que personas con cierta sensibilidad a la lactosa la disfruten. Ante intolerancias diagnosticadas, lo prudente es consultar con un profesional de la salud antes de incorporarla de forma habitual.
Variantes regionales y comerciales de la burrata
Fuera de Andria, la burrata se produce hoy en muchas regiones de Italia y también fuera del país, con calidad desigual. La diferencia principal está en la leche de partida: la mayoría usa leche de vaca, pero existen versiones con leche de búfala que dan un sabor más intenso y una cáscara algo más firme.
También hay variantes comerciales pensadas para distribución masiva, con menor contenido de nata en el relleno o con conservantes que alargan la vida útil a costa de la textura original. Estas versiones suelen venderse envasadas al vacío en lugar de en salmuera, lo que cambia el sabor final.
Algunas queserías fuera de Italia elaboran burrata siguiendo la técnica tradicional pero sin poder usar la denominación IGP, porque esa protección legal se limita a la producción realizada en la zona de Andria bajo la especificación europea. Eso no significa que sean de mala calidad, pero sí que conviene revisar el origen y la lista de ingredientes antes de comprar, sobre todo si buscas la experiencia sensorial más cercana a la original.
También existen versiones ahumadas, con trufa incorporada al relleno, o de tamaño mini para tapas y aperitivos individuales. Son variaciones comerciales legítimas, aunque se alejan de la receta clásica de stracciatella y pasta hilada sin aditivos.
Cómo almacenar y conservar la burrata en casa
La burrata es un queso fresco de vida corta y exige cuidado en la nevera. Debe guardarse siempre en su propio líquido de conservación (agua o salmuera ligera), dentro de un recipiente cerrado, en la parte menos fría del frigorífico, nunca cerca del congelador.
Una vez abierto el envase, lo ideal es consumirla en las siguientes 24 a 48 horas. El interior cremoso se oxida y pierde frescor con rapidez una vez que la pieza se corta y queda expuesta al aire.
No se recomienda congelar burrata: el proceso de congelación y descongelación rompe la estructura de la nata y separa el agua del resto, dejando una textura granulosa que no se recupera. Si compras varias piezas y no vas a consumirlas todas pronto, es mejor priorizar comprar la cantidad justa con la frecuencia que la necesites, en lugar de almacenar de más.
Antes de servirla, sácala de la nevera entre 10 y 15 minutos para que recupere parte de su textura natural, ya que el frío extremo endurece la cáscara y adormece el sabor.
Dónde comprar burrata y qué mirar en la etiqueta
La burrata se encuentra hoy en queserías especializadas, tiendas de productos italianos, grandes supermercados y, cada vez más, en la sección de quesos frescos de cadenas generalistas. La calidad varía mucho según el canal: una quesería artesanal o una tienda gourmet italiana suele trabajar con proveedores que respetan el proceso de deshilachado manual, mientras que las versiones de gran distribución priorizan la vida útil.
A la hora de elegir, conviene fijarse en tres cosas: el sello IGP si buscas la variante de Andria, la fecha de envasado (cuanto más reciente, mejor textura) y la lista de ingredientes, que en una burrata bien hecha se limita a leche, cuajo, sal y nata. Si el envase menciona espesantes, estabilizantes o conservantes añadidos, es una señal de que no sigue la receta tradicional.
Si prefieres no complicarte comprando y elaborando en casa, también puedes disfrutarla ya preparada por un cocinero. En nuestra carta trabajamos con proveedores que priorizan frescura y trazabilidad, algo que en un producto tan perecedero marca toda la diferencia entre una experiencia memorable y un queso mediocre.
La burrata en la mesa del restaurante
En Tuscaniabcn servimos burrata como parte de nuestra cocina mediterránea de autor, y algo aprendes rápido trabajando con este queso día tras día: la mayoría de las decepciones no vienen de una mala pieza, sino de un mal servicio. Una burrata excelente arruinada por estar demasiado fría, cortada con antelación o acompañada de ingredientes que compiten en sabor en lugar de realzarlo, decepciona igual que una pieza mediocre.
Nuestra recomendación en sala es sencilla: temperatura ambiente, corte a la vista del comensal y acompañamientos que dejen respirar el producto, tomate de temporada o un buen aceite, nada que tape su sabor. Si quieres probarlo en persona, con vistas directas a la Sagrada Família desde nuestra terraza, puedes consultar disponibilidad y reservar mesa en Tuscaniabcn cualquier día de la semana.
— YellowRock
Fuentes
Para profundizar en la normativa oficial, la especificación IGP de Burrata di Andria en Eur-Lex detalla los requisitos técnicos completos del producto.
- Eur-Lex — Especificación Burrata di Andria IGP
- VinePair — Mozzarella vs. Burrata, explained
- Wikipedia — Burrata (es)
- CONtexto Ganadero — ¿Cuál es la diferencia entre la mozzarella y la burrata?
Preguntas frecuentes
¿Qué es la burrata y cómo se come?
La burrata es un queso fresco de pasta hilada con un interior cremoso de stracciatella. Se come fría, entera, cortada en el momento y acompañada de tomate, pan o ensaladas, nunca sometida a cocción prolongada.
¿Qué diferencia hay entre la burrata y la mozzarella?
La mozzarella es uniforme por dentro y aguanta bien el calor, mientras que la burrata esconde un relleno de stracciatella que se degrada al cocinarla y está pensada para servirse fría como protagonista del plato.
¿Cuánto cuesta la burrata en el supermercado?
El precio varía según la marca, el formato y si lleva sello IGP, y cambia con frecuencia según el punto de venta; lo más fiable es comprobar el precio actualizado directamente en tu supermercado habitual.
¿Es saludable comer burrata?
La burrata aporta más grasa y calorías que la mozzarella por la nata de su relleno, así que conviene consumirla con moderación, en porciones de unos 100 gramos, dentro de una dieta equilibrada.